jueves, 29 de mayo de 2014

Maya.

Maya Angelou, estadounidense, fue violada a los 8 años de edad y el silencio absoluto fue su respuesta. No habló desde ese momento. Nada. Una maestra, años después, le hizo conocer el poder de las palabras a través de la lectura. "Conocí a William Shakespeare y me enamoré de él; fue mi primer amor blanco", diría luego. Las palabras en ebullición tanto tiempo contenida llegaron a sus labios, y Maya habló de nuevo para no callar nunca más. Conoció el racismo y la discriminación en todas sus expresiones, y les respondió con poesía y colores y vida libre. Por ella hablaron los que no tenían voz, los pequeños, los atrapados en una vida desigual. Hoy murió Maya. Su poesía dice que su voz recuperada llegó para no irse nunca.
 
 

Nelly.
 
Una de las voces más espontáneas, claras y bellas de las letras mexicanas es la de Nellie Campobello; una, también, de las menos (re)conocidas. Sus palabras son una danza entre luces y sombras como la geografía del norte donde vio la luz en más de un sentido. Con ellas hizo memoria de quienes la vida barría como a polvo sin reposo. Fue brasa de cigarrillo de hoja, paredón de fusilamiento, lágrima mezclada con tierra, ternura fiera. A ella, que rompió el silencio, el presente la cubrió con mortaja de olvido. Pero sus letras, murmullo del asombro, giran todavía hoy cual torbellino en el desierto.
 
 

lunes, 21 de abril de 2014

Gabriel.
 
Su abuelo, contó él mismo, puso en sus manos infantiles el libro que todo lo sabía y nunca se equivocaba. De aquel diccionario, Gabriel extrajo más tarde colores, aromas, texturas con los que dibujó paisajes y dio vida a seres que brotaron de la plana superficie de las hojas como una vegetación exuberante y luminosa, selvática evocación del mundo de sus primeros años. Pocas veces uno solo ha tenido la capacidad de transportar hacia mundos entrañables a tantos otros con el solo movimiento de las manos. A partir de ahora, cada vez que sus libros se abran nacerá de nuevo aquel niño maravillado ante el regalo del abuelo que le mostró por vez primera a las palabras que de adulto lo convertirían en mago.

domingo, 20 de abril de 2014

Artemisia.
 
Dirán, por supuesto, que la historia no fue así. El más antiguo de los cronistas algunos hechos recogió sobre Artemisia la de Caria, pero lejanos todos de la fábula del filme. En la pantalla, Artemisia es ola y fuego, silbido de obsidiana, cascada. Ella, la de Caria, hubiera sin duda aprobado la evocación transgresora. Los cantores de antaño hubieran recogido gustosos el estruendo de metales y maderas y la pasión ensombrecida del personaje. Dando pinceladas hacia el cielo con las manos, sin embargo, enmudecerían ante la centella líquida en la mirada de Eva Green. Buscarían sin encontrar palabras entre las estrellas que se alzan del horizonte marino, luz y sal mojada por la espuma. Ay, pobre de mí, murmurarían los poetas frente a la llama. Y yo con ellos.