Artemisia.
Dirán, por supuesto, que la historia no fue así. El más antiguo de los cronistas algunos hechos recogió sobre Artemisia la de Caria, pero lejanos todos de la fábula del filme. En la pantalla, Artemisia es ola y fuego, silbido de obsidiana, cascada. Ella, la de Caria, hubiera sin duda aprobado la evocación transgresora. Los cantores de antaño hubieran recogido gustosos el estruendo de metales y maderas y la pasión ensombrecida del personaje. Dando pinceladas hacia el cielo con las manos, sin embargo, enmudecerían ante la centella líquida en la mirada de Eva Green. Buscarían sin encontrar palabras entre las estrellas que se alzan del horizonte marino, luz y sal mojada por la espuma. Ay, pobre de mí, murmurarían los poetas frente a la llama. Y yo con ellos.

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