lunes, 21 de abril de 2014

Gabriel.
 
Su abuelo, contó él mismo, puso en sus manos infantiles el libro que todo lo sabía y nunca se equivocaba. De aquel diccionario, Gabriel extrajo más tarde colores, aromas, texturas con los que dibujó paisajes y dio vida a seres que brotaron de la plana superficie de las hojas como una vegetación exuberante y luminosa, selvática evocación del mundo de sus primeros años. Pocas veces uno solo ha tenido la capacidad de transportar hacia mundos entrañables a tantos otros con el solo movimiento de las manos. A partir de ahora, cada vez que sus libros se abran nacerá de nuevo aquel niño maravillado ante el regalo del abuelo que le mostró por vez primera a las palabras que de adulto lo convertirían en mago.

domingo, 20 de abril de 2014

Artemisia.
 
Dirán, por supuesto, que la historia no fue así. El más antiguo de los cronistas algunos hechos recogió sobre Artemisia la de Caria, pero lejanos todos de la fábula del filme. En la pantalla, Artemisia es ola y fuego, silbido de obsidiana, cascada. Ella, la de Caria, hubiera sin duda aprobado la evocación transgresora. Los cantores de antaño hubieran recogido gustosos el estruendo de metales y maderas y la pasión ensombrecida del personaje. Dando pinceladas hacia el cielo con las manos, sin embargo, enmudecerían ante la centella líquida en la mirada de Eva Green. Buscarían sin encontrar palabras entre las estrellas que se alzan del horizonte marino, luz y sal mojada por la espuma. Ay, pobre de mí, murmurarían los poetas frente a la llama. Y yo con ellos.